Emilio Federico Schuberth y la Alta Moda Italiana

Por: Bonizza Giordani Aragno.

Trad. cast.:William Cruz Bermeo.

Gran Hotel, Florencia, 1951. Emilio Schuberth (derecha) y Salvatore Ferragamo.

Gran Hotel, Florencia, 1951. Emilio Schuberth (derecha) y Salvatore Ferragamo.

En la Italia de posguerra, la moda romana pasó por una revolución cultural fundamental. La reciente autosuficiencia forzó los modistos italianos a cierta autonomía, empleando su imaginación y libertad para crear nuevas combinaciones que les permitieron el desarrollo de otras técnicas experimentales y de producción.

Esto favoreció una independencia, en cuanto al estilo, que sentó las bases para una ruptura con el modelo francés. El nuevo modelo a imitar sería el norteamericano, que había entrado a Italia mediante el cine, al que se le idolatraba debido a su radical ruptura con lo tradicional.

Federico Schuberth es el más famoso de los modistos de la posguerra en Italia, su nombre se relaciona con el surgimiento de la Alta Moda Italiana.

Hubo varios factores principales que condujeron al nuevo “Hecho en Italia”. Entre ellos, el bajo costo de mano de obra experimentada, el apoyo con materia prima proveniente de los atestados almacenes de Estados Unidos, y la pacífica invasión del cine de Hollywood, que descubrió a Roma y su altamente calificada fuerza de trabajo.

En 1948, el Centro Italiano de la Moda emergió de las ruinas de la Agencia Nacional de la Moda, y su primera tarea fue organizar desfiles para promover la creatividad italiana en Venecia, durante el Festival de Cine, y en otras ciudades. Al estilo que surgió se le conoció como neo-romántico, sus influencias estilísticas se remontaban al siglo XIX. Era una moda espléndida, magníficamente confeccionada, rica en detalles y abundante en opciones de diversos materiales.

Schubert 1953.

Schubert 1953.

“Impactar para dejar sin aliento” era el lema de Schuberth. Fue el primero en entender la importancia de la imagen: era un comunicador habilidoso al utilizar la prensa y la industria del entretenimiento. Schuberth fue capaz de construir una “personalidad” sobre la cual estableció su enorme popularidad. Era un hábil manipulador de los sueños, e incluso se le conoció como el modisto de las reinas: vistió a las esposas y a las amantes de Farouk, el depuesto Rey de Egipto; a Maria Pia di Savoia, Reina de Grecia; y a varias princesas italianas. Pero su mayor logro -se cree que lo realizó en una sola noche- fue el suntuoso ajuar para la hermosa Soraya cuando huyó de Persia con su esposo el Sha (1953).

No era fácil acceder a uno de los desfiles de Schuberth, tenían mucha demanda y se repetían al menos tres veces en su estudio, en una atmósfera de festiva vida social. Su diminuta figura casi se escondía tras un abanico, sus brazos y sus manos estaban adornadas con joyas preciosas, como en el retrato que le hizo Severini, vestido con un traje verde esmeralda cuasi dieciochesco, que se erigía imponente en una pared de su estudio. El mismo, estaba esplendorosamente amoblado, con candelabros de Murano resplandecientes y paredes enchapadas de espejos que en las grandes ocasiones reflejaban a la concurrencia. Sofás suaves, sillas doradas contra la pared y numerosos tapetes valiosos cubríendo los pisos.

En la primera fila sentaba a sus invitadas de honor: Wanda Osiris, Elena Giusti, las representantes de lo máximo en la moda del momento y fieles clientas suyas. En la Posguerra los espectáculos de variedades eran un entretenimiento bastante escapista, y en la época, era muy prestigioso apurarse a tener un vestido para el cierre hecho por Schubert. El productor no se hacía responsable de los trajes para dicho cierre, entonces las actrices optaban por vestirse con trajes de Federico.

Schubert,1954.

Schubert,1954.

A la entrada del taller, dos guardias en uniforme ceremonial chequeaban el arribo de los invitados. Al fondo, tras una cortina de tul, una orquesta de músicos de la RAI tocaba un repertorio clásico-romántico; se servirían dulces y bebidas entre la salida de un diseño y el siguiente. Las bienaventuradas damas ordenaban sus prendas para la nueva temporada: sombreros, vestidos, zapatos y guantes. La “Linea Amore” de 1955-56 se la dedicó a Gina Lollobrigida.

A Roma se le conocía como el Hollywood sobre el Tíber, y los hoteles de Via Veneto se llenaban de gente que venía a comprar moda a bajo precio. Todo el mundo llamaba a los paparazzi para que captaran para siempre a ciertas actrices y actores probándose algunos trajes del modisto. La esquina mágica estaba entre Via Veneto, Piazza di Spagna y las calles contiguas, con carros y taxis zumbando y una atmósfera como de plató cinematográfico. Un mágico momento, nunca repetido por la Alta Moda y por la capital. Federico Schuberth fue una de las luces conductoras de este éxito.

Por muchos años se creyó que era  alemán, por sus dos estudios en Viena, pero fueron rumores que añadieron misterio a su elusiva personalidad. En realidad, nació en Nápoles en 1904, su abuela era española y su padre quizás de origen germano. Fue educado en una famosa escuela napolitana. Llegó a Roma en 1938 y abrió una pequeña tienda de sombreros y guantes en Via Frattina. La demanda fue tal que abrió su primer taller en Via Lazio, y en 1940 se extendió a Via XX Settembre. Luego en 1960 abrió una hermosa tienda en Via Condotti.

Schuberth, Años 50.

Schuberth, Años 50.

Su fortuna también se debe gracias a su enorme popularidad: era famoso por sus fiestas, por sus ocurrencias. Le encantaba estar rodeado de al menos doce modelos, llamativas y elegantes, naturalmente todas llevaban sus creaciones. Cada una de sus recepciones era como una “coup de theatre“, siempre planeadas y siempre diferentes. En 1956 actuó en una película con Sofia Loren -haciendo de clienta joven que pasaba los días enteros en el estudio, constantemente a dieta-. Se interpretó así mismo, como un modisto pensativo y extravagante mientras la joven Sofía se probaba sus vestidos.

Cuando se abrió el mercado con los americanos y los nuevos alemanes, Schuberth firmó un contrato en 1957 con Delia Biagiotti, la mamá de la famosa Laura, para la distribución y exportación de su moda a Estados Unidos. Sus perfumes aún son famosos, un afectuoso recuerdo de Schu-Schu. Firmó una serie de licencias pero la moda estaba cambiando y el listo- para-usar tocaba a la puerta. No deseaba cambiar y se mantuvo fiel a su visión de la mujer. Sus seguidores se desvanecieron. Su último retrato es él dentro de su Rolls Royce blanco lleno de gardenias blancas y sólo con el conductor.

Schuberth cerró en 1972, seguido por Carosa y Barentzen. La década de los setenta fue un periodo problemático para la Alta Moda Italiana y las instituciones fueron indiferentes. Emilio Federico Schuberth, uno de los líderes de la Alta Moda Italiana, desconocido para las nuevas generaciones y rápidamente olvidado por otras, murió en Roma en 1972.

Un pensamiento en “Emilio Federico Schuberth y la Alta Moda Italiana

  1. o seaaa me encanto de lujooo radianteeee????

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