¿La gente gay tiene un sentido especial para la moda?

Redacción: William Cruz Bermeo.

Podríamos decir que este es un texto escrito a seis manos, sobre el objetivo de la actual exposición que realiza el Museo del Fashion Institute of Technology: reflexionar sobre los aportes de la cultura gay al mundo de la moda. El mismo surge de una entrevista a la Dra. Valerie Steele, una de sus curadoras, realizada por Catherine Villota y William Cruz Bermeo. De modo que mi labor, más que escribir, fue transcribir y conectar las ideas respecto a la pregunta que le da título a esta entrada.

 “Los homosexuales han tenido, y siguen teniendo, más influencia sobre la moda que los francmasones sobre el radicalismo o que los dominicos sobre el Frente Popular”.

 Paul Morand, en El aire de Chanel. 1946.

Portada del libro A Queer history of Fashion: From the Sidewalk to the catwalk.

Portada del libro A Queer History of Fashion: From the Sidewalk to the Catwalk.

Esas fueron las palabras que al parecer le expresó Chanel a Paul Morand, cuando se encontraron en Suiza, recién pasada la Segunda Guerra Mundial, y tuvieron una serie de conversaciones que Morand luego transcribiría y formarían el libro El aire de Chanel. Pero el contexto de esas palabras no es propiamente halagador. La diseñadora expresaba su homofobia argumentando que el homosexual era “enemigo de la mujer, pero al mismo tiempo” estaba “obsesionado con ella”. Su diatriba derivaba en parte de su descontento al ver la moda femenina de la posguerra, caracterizada por cierta aparatosidad y restricción que ella como diseñadora había ayudado a desterrar durante sus gloriosos años de entre guerras. El escenario de la moda ahora estaba dominado por hombres, algunos de ellos homosexuales. Y creía que las fantasías que creaban, —a las que llamaba “poesía costurera”— surgían porque “las locas quieren ser mujeres pero no lo consiguen”.  Continuar…

Gatsby jamás supo que el art déco existió

Carey Mulligan como  Daisy Buchanan en El Gran Gatsby. 2013. © Warner Bros/ Village Roadshow.

Carey Mulligan como Daisy Buchanan en El Gran Gatsby. 2013.
© Warner Bros/Village Roadshow.

A propósito El Gran Gatsby, haremos una revisión a las influencias que configuraron el estilo art déco, el mismo que corresponde a la segunda mitad de la década de 1920, periodo en el cual se desarrolla esta obra literaria de Francis Scott Fitzgerald. La primera versión cinematográfica fue en 1974, con vestuario de Theoni V. Aldredge y Ralph Lauren; en 2013 se lanza una nueva versión con vestuario de Catherine Martin, en colaboración con Miuccia Prada, y dirigida por Baz Lurhmann.

En 1925 se realizó en París la Exposición Internacional de Artes Decorativas e Industriales Modernas, se considera que este evento consagró y expandió internacionalmente el art déco; pero también fue el resultado de una visión frente a la relación del arte y sus artífices con la vida cotidiana ya que desde el último tercio del siglo XIX, cuando la industrialización era una realidad palpable, los artistas habían estado en búsqueda de otras funciones para ellos, indagando por nuevas formas de expresión y encaminando sus ideas a fines sociales, dando así origen al modernismo, el mismo que luego sería el punto de giro para el surgimiento del art déco.

Sucede que en Inglaterra el escritor John Ruskin había manifestado su odio contra la “civilización moderna” y sus productos, haciendo un llamado a reinventar cada objeto de la vida cotidiana. Luego el artista William Morris se propuso la misión de llevar a la práctica la ideas de Ruskin, renunciando al trabajo con las máquinas y privilegiando el trabajo manual; esto significó una valoración de oficios artesanales de tradición medieval para ponerlos al servicio del diario vivir. Estos dos hombres sentaron las bases para una ideología artística cuyo objetivo era “producir artes aplicadas, es decir, que se utilizaban en la vida real”[i], y generaron todo un movimiento que llegaría a conocerse como Art and Crafts.

Las ideas de Ruskin y Morris cruzaron el canal, y en Viena fueron acogidas por la Secesión Vienesa, un grupo de artistas jóvenes que aspiraban a la creación de la obra de arte total, y pensaban que los objetos de uso cotidiano debían ser concebidos por artistas, bajo una estética totalizadora y armónica. También, buscaban borrar las distinciones entre arte y artesanía, y recuperar los oficios artesanales para escapar de la fealdad de los objetos producidos en serie. Canalizaron esta idea mediante el Taller Vienés, donde se producían y comercializaban los diseños. En su aspiración los vieneses concibieron un estilo de formas austeras y sintetizadas debido a su pulcritud rectilínea, llevado tanto a la arquitectura como a las artes aplicadas austriacas, y que llegó a ser conocido como Jugenstil (estilo joven). Era una expresión de ese espíritu modernista del amanecer del siglo XX que invadiría al resto de Europa, nombrado de distintas maneras, y materializado en formas y objetos de uso cotidiano diversos. Continuar…


[i] Hobsbawm, E. (2003). La era del Imperio. Barcelona: Crítica. Pág. 239.

Las pieles, de la aceptación a la condena (Segunda parte)

Reality Show. Por Carine Roitfeld, fotografía Mario Testino. Vogue, agosto de 2008. © Condé Nast Publications.

Reality Show. Por Carine Roitfeld, fotografía Mario Testino. Vogue, agosto de 2008. © Condé Nast Publications.

…Ahora, el paso de las superficies moteadas o listadas a los temblorosos y atractivos pelos de visones, zorros, nutrias y castores es otra historia. Lo que aquí cuenta es como ésa imagen de la mujer dominante ha perdurado en el tiempo hasta llegar incluso a su más sorprendente caricatura. América latina ha producido varias de ellas, tenemos el caso de la Tigresa, la actriz mejicana que hacia los años setenta se hizo fotografiar vestida con minivestidos y botas de leopardo con tigres de fondo, y para venirnos al presente baste no más con dar una mirada a la cantante peruana La Tigresa del Oriente, toda una caricatura de esa idea que venimos exponiendo. Uno se pregunta si estos personajes se hubiesen podido configurar sin los antecedentes que hemos mencionado, sin la idea de que las pieles de los félidos representan ese espíritu agresivo y sensual que se les adjudicaba, como hemos visto, desde la antigua Grecia. Poco importa si los motivos felinos de estas dos divas latinoamericanas son de pieles auténticas o si son impresiones burdas sobre telas o piel de vaca imitando motivos felinos porque la idea que allí subyace es la de unas mujeres dominantes y sexualmente asertivas. Es decir, se superpone la intensión de comunicar esa idea sobre la materialidad misma de las pieles, lo que importa es lo que aquéllas informan sobre el personaje. Y esta situación se presentó incluso en el mundo de la política, con la escasísima piel de armiño.

Sucede que en los años sesenta una figura nefasta llegó al poder en República Centroafricana, se llamaba Jean-Bédel Bokassa, y en los setenta se autoproclamó emperador, con el título de Bokassa I; pensaba que haciendo de su país un imperio éste sería respetado por el resto del mundo. Para la ceremonia de coronación, el más aparatoso de los actos de que la historia reciente tenga noticia, llevó una extensa capa ribeteada de armiño, y su trono imitaba en todo el aparataje simbólico la estética napoleónica: alfombras y cortinas rojas, acabados dorados y esa extensa capa armiñada que le hacía juego a una corana cuya base iba forrada en la misma piel. Con ello Bokassa tomaba el simbolismo de una de las pieles más apreciadas por la nobleza europea y adoptada por ellos como un privilegio exclusivo. Continuar con la segunda parteQuiero ir a la primera parte.