Apuntes sobre Coco Chanel… (Segunda parte)

Por William Cruz Bermeo

“¡Que mi leyenda siga su camino, le deseo una feliz y larga vida!” Chanel. © S.D.

…A Chanel le entusiasmaban las novelas, en 1946 le comentaba a su gran amigo Paul Morand que había compartido la vida con personas muy inteligentes y cultas que se extrañaban de sus conocimientos, pero que más extrañeza les hubiera causado saber que ella había aprendido a vivir en las novelas. Probablemente La dama de las camelias era una novela que conocía bien, pues de joven había visto en París a la legendaria actriz Sarah Bernhardt interpretando a Margarita Gaultier, el personaje central de esta novela escrita por Alejandro Dumas en 1848. Básicamente, la obra cuenta la tragedia de una hermosa cortesana y su amor imposible por un joven caballero; una historia que en parte se parece a la de sus primeros años como mantenida de Étienne Balsan, su primer amante, pero sobre todo a la de su funesto amor con Boy Capel. En el contexto de la misma obra, la camelia era interpretada por el público de la época como símbolo de la devoción hacia un enamorado debido a que se trata de una flor duradera, pero además la novela había ayudado a que el público también asociara la camelia con el mundo de las cortesanas. Ahora bien, de acuerdo a la moral de la época llamar cortesana a una mujer no era algo propiamente halagador, pues la palabra definía a mujeres que llevaban una vida burguesa pero irregular, es decir, mantenidas por amantes ricos a cambio de compañía y favores sexuales. En resumen, la camelia era todo menos un símbolo de recato y asertividad moral pero Chanel encontraba en ella otros valores que expresaban su visión de la forma y la moda: “su redondez perfecta, casi geométrica y su refinada elegancia”[1], por eso la adoptaría como emblema de su casa; pero al incluirla dentro de su bisutería, prendas y accesorios, consciente o no de la situación, estaba cambiándole su valor simbólico, pues la camelia pasaba de lo indecoroso al respetable mundo de las burguesas clásicas de 1939, año en que introdujo la camelia en su universo creativo. Hoy pocas mujeres saben que la ilustre camelia pegada a la solapa de un traje sastre, adornando los zapatos o formando bisuterías, alguna vez representó a las demi-rep, como llamaban a esas mujeres que a los ojos de la sociedad francesa solo eran respetables a medias.  …Leer más


[1] Casa Chanel, comunicado de prensa apropósito de Camelia, colección de alta joyería. Hacia 2008.

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Apuntes sobre Coco Chanel… (Primera parte)

Por William Cruz Bermeo

Chanel era a su vez la promotora de sus propios diseños debido a que encarnaba el perfil de sus clientas. © Man Ray Trust, París.

No existe un personaje en la historia de la moda más rodeado de leyendas que Gabrielle Chanel, constantemente se le adjudica la invención de prendas y costumbres que aumentan el mito en torno a ella, pero cuando a Karl Lagerfeld se le preguntó qué había inventado Chanel, su respuesta no alabó precisamente originalidades como las prendas en tejido de punto, ni los vestiditos negros, ni las melenas cortas o la bisutería; por el contrario, aseguró que mezclar joyas con bisutería no fue idea de ella sino de su amiga Misia Sert, y que Chanel tampoco fue la primera en llevar el pelo corto —como comúnmente se dice―, pero que sí tomó varios elementos “para convertirlos en un ‘look’ que representaba la idea de la modernidad” y agregó que “se inventó a sí misma, y eso es lo grandioso”[1]. La respuesta devela el verdadero invento de Chanel: crear su propio mito, pues “lo que más impresiona de su vida… es el enigma que supo ser a ojos de todos los que se le acercaron”[2]; vivió presa de su propia leyenda, pero su imagen subsiste hasta el presente. Al mismo tiempo, las palabras de Lagerfeld están en sintonía con los hechos, ya que a la luz de la historia se constata que Jean Patou y Jeanne Lanvin también estaban creando un estilo deportivo y moderno; sin embargo, en términos publicitarios estos dos diseñadores parecían estar en desventaja frente a Chanel. Por un lado, a Patou siendo hombre le era menos fácil articularse en un oficio que empezaba a ser dominado por mujeres y según su biógrafo, no poseía tanto una visión estética particular sino una gran astucia comercial. Por su parte, Lanvin era una mujer mayor con un aspecto matriarcal que no le ayudaba a proyectar la imagen juvenil de la ropa que diseñaba; dicho de otro modo, no poseía un aire de modernidad comparable al de Chanel, mientras que Chanel sí lo tenía y esto le ayudaba a ser su propia impulsadora debido a que encajaba en el perfil de sus clientas y promocionaba sus diseños luciéndolos primero ella misma. Quizás estas ventajas, sumadas a la actitud poco convencional que poseía y a su comprensión de las necesidades de la mujer moderna, fueron las bases para que hoy la consideremos como la diseñadora más célebre y contribuyente a la moda femenina del siglo XX…  Leer más


[1] En Gabrielle Chanel, La permanence d’un Style. Dir. Gilles Nadeau, dur. 60 min. Francia, 2001. Prod: France 2/P.B. Productions.

[2] Charles-Roux, E. (2009) Descubriendo a Coco. Barcelona: Lumen.

De sombreros y actitudes… apuntes sobre el uso cultural del sombrero

Por William Cruz Bermeo

Supuesto autorretrato de Antonello da Messina. National Portrait Gallery, Londres.

Que la indumentaria cumple distintas funciones sociales es algo que está fuera de discusión, así lo han demostrado los diversos autores dedicados a analizar sus funciones simbólicas a lo largo de la historia. También puede decirse que el manejo dado a aciertas prendas, junto con las actitudes corporales, cuando se llevan puestas ha estado sujeto a un juego complejo de normas y significados; baste no más con dar una mirada al sombrero. Una prenda que desde su más remota existencia, hasta el declive de su uso, estuvo relacionada con el decoro y el aprendizaje de normas sociales.

Lo anterior se constata al revisar el ahora caduco Manual de Carreño: Urbanidad y buenas maneras; un libro que al mejor estilo de Baltasar de Castiglione (siglo XVI) contribuyó a moldear la caballerosidad de los latinoamericanos desde el siglo XIX hasta bien entrado el XX. La misma obra registra más de veinte veces la palabra sombrero, con recomendaciones curiosas como: “No dirijamos nunca la palabra con el sombrero puesto a una señora o a una persona constituida en alta dignidad”, o “cuando saludamos a señoras o a otras personas respetables, no nos limitaremos a tocamos el sombrero, sino que nos descubriremos enteramente”. Tras un repaso a las normas de Carreño queda claro por qué hoy en día la expresión “me le quito el sombrero”, se emplea para indicar admiración y respeto hacia el Otro, pues en términos simbólicos descubrirse la cabeza parecía ser un acto de humildad ya que implicaba despojarse de una prenda que confería al usuario dignidad y respeto. …Leer más

De ropa de trabajo a prenda de culto: jeans para todos

Por William Cruz Bermeo

Podríamos dividir esta breve reseña histórica de los jeans en dos partes: la que refiere a la tela con la cual se confeccionan, y la de la confección de pantalones con esa tela. Para dar claridad al relato, denominaremos jeans (Vaqueros, en España) a los pantalones, y mezclilla o demin a la tela.

La tela

Portada No. 2 de Jeans Intern, luego Sportwear International. Septiembre de 1975.

Todo parece indicar que el origen de la tela para confeccionar jeans se remonta al siglo XVI, y que no tuvo un único centro de producción, pues desde entonces se tejía en Génova, Marsella y por todo el Mediterráneo. Según la historiadora Maguelonne Toissaint-Samat, la palabra jean ya aparecía en la edición de 1567 del English Oxford Dictionary, y definía un tosco tafetán de lino o algodón utilizado para las velas de los barcos. Evidentemente se trataba de una tela resistente, que ya en el siglo XVI se empezó a utilizar en la confección de prendas de alta resistencia, necesarias para el trabajo pesado de los marineros. En ese entonces Inglaterra gozaba de una poderosa fuerza naval que demandaba grandes cantidades de jean, y siendo un periodo en el que el control de las mercancías era de suma importancia para la estabilidad económica del Estado, el país empezó a autoabastecerse de dicha tela; pero fabricada con lino y no con algodón como la hacían los genoveses. Por tanto, podemos concluir que allí el término jean aludía a la tela mas no a las prendas hechas con ella.

En cuanto al color, existía en el mismo siglo otra tela, similar a la de Génova y Marsella, proveniente de Siria, que era teñida de azul con añil; sin embargo la ciudad francesa de Nîmes también para especializaba en la producción de una sarga hecha con lana de menor calidad; pero altamente resistente, teñida con granza y añil, y que era conocida como “tela de Nîmes”, de allí derivaría su nombre: “denim”. Esta tela se exportaba a “Sudamérica, las Antillas y el sur de los futuros Estados Unidos”, y se utilizaba “para vestir a los esclavos”; pero ya en el siglo XIX ante el auge de la explotación algodonera y las industrias locales de Estados Unidos, la tela se empezó a fabricar allí, reemplazándose la lana por el algodón. Este sería el inicio del denim moderno.

Los datos proporcionados por la historiadora (Toissaint-Samat) permiten inferir que la mítica historia de los jeans según la cual fueron creados por la genialidad de Oscar Levi-Strauss (Levi’s), se aleja de una realidad histórica puesto que la idea de utilizar prendas para el trabajo pesado no tiene un creador establecido, y como hemos señalado la dotación de marineros y esclavos ya incluía ropa de telas resistentes. Más bien, podríamos decir que la genialidad del Sr. Levi-Strauss consistió en construir un poderoso emporio comercial que respondía a una necesidad del momento: el aprovisionamiento de prendas resistentes para la explotación minera durante la fiebre del oro en Estados Unidos, a mediados del siglo XIX. Luego, con el nombre de Oscar Levi-Strauss convertido en marca, la firma logró transformarse al ritmo del tiempo para ajustarse a una realidad social en la que los jeans, otrora prendas de trabajo, se trasladarían al uso cotidiano; en un principio para significar la rebeldía de los adolescentes de los años cincuenta, y posteriormente entrarían en el ámbito de los incesantes cambios de la moda.

El pantalón

Desde el siglo XIX con el surgimiento de empresas como Levi’s, y Wrangler en 1907, la producción seriada de prendas de trabajo confeccionadas en demin o tela cruda se había establecido. Sin embargo, desde entonces y hasta la década de 1940, estarían confinadas a servir como simple uniforme obrero.

Cuando la Segunda Guerra Mundial llegó a su fin, los jeans habían sido usados casi exclusivamente como ropa de trabajo, pero ganaron un nuevo estatus en Estados Unidos y Europa. Siendo toscos pero flexibles parecían representar la libertad y la luminiscencia de un nuevo futuro; un imaginario que los habitantes de la ciudades ocupadas por los nazis también asociaban a la presencia de soldados de las Fuerzas Aliadas. Y fueron precisamente ellos los encargados de reintroducir allí artículos que para entonces eran todo un lujo: Coca cola, chicles, cigarrillos y jeans. Se asegura que “las fuerzas armadas estadounidenses llevaban a Europa excedentes de Levi’s”, y que ese sería “el primer acercamiento de la población a la leyenda del demin”. Como novedad, los jeans serían adoptados más fácilmente por adolescentes, jóvenes civiles y soldados, de modo que la prenda parecía tan inocente y fuerte como la gente que escogía ponérsela.

Con el auge de la prosperidad económica mundial que sucedería a los años de la Guerra, medios de entretenimiento como el cine y la música recobrarían su furor, expresando un estilo intrépido en el que los jeans tomarían un aura de sexo y rebelión. La estela de rebeldía que traía consigo el rocanrol y ciertas películas los convirtió en símbolo de ruptura de las convenciones y la rígida moral social de los años cincuenta; en ese entonces la virilidad juvenil solía vestirse de jeans y camisetas, representada en antihéroes bravucones como Marlon Brando en la película El salvaje, o James Dean en Rebelde sin causa. Ni que decir tiene la potente imagen de virilidad que emanaba Elvis Presley en Jailhouse Rock al salir como preso seductor enfundado en prendas de demin. Las chicas se derretían mientras que los chicos corrían a imitar a sus héroes. No era necesario ser rebelde para llevar un jean, era suficiente con querer parecerlo. Como suele suceder con los estilos juveniles, los adultos de entonces desdeñaban de la apariencia rebelde vestida de jeans, y las esposas más conservadoras lo tenían absolutamente prohibido; así quedó registrado en Wife Dressing, un libro que es célebre en la historia de la moda porque reúne un conjunto de prácticas y maneras aconsejables para la buena esposa que incluyen el vestir, y que fuera escrito por la hacendosa y elegante Ann Fogarty. En un aparte comenta: “Los jeans pueden ser populares entre las muchachas de bachillerato pero no tienen lugar en el guardarropa de una esposa”. Claro, en el contexto de los años cincuenta la buena esposa debía ser sexy, pero no una bomba sexy como Marilyn Monroe, una de las primeras divas de pantalla en aparecer usando jeans; sin embargo, a juzgar por la canción Tight Fittin’ Jeans (Conway Twitty, 1981), queda claro que para los caballeros de la música country una chica en jeans ajustados ha sido y será bastante atractiva, fuerte y aguerrida: “A cowgirl came alive inside those tight fittin’ jeans… And Lord I loved that lady wearin’ tight fittin’ jeans…”

Para principios de los años sesenta, los jeans ajustados habían pasado a convertirse en ropa casual de primera necesidad, es cuando la juventud empiezan verdaderamente a divertirse, olvidando la casi desesperante la atmósfera de la década anterior, o sea, una burbuja de confort, aparente seguridad y conformismo. Con la semilla del cambio sembrada por los adolescentes de los años cincuenta, ya para mediados de la década siguiente los jeans han adquirido otra connotación social: la de uniforme de la naciente revolución social y sexual. Son la gran prenda igualitaria, la prenda multiuso perfecta para la sociedad sin distinciones de clase que imaginaba la generación hippie. Esta era la época en la que producción seriada de jeans y la falta de competidores en un mercado dominado por Levi´s y Wrangler hacía de ellos una prenda universal, el mismo para todos. En las luchas por los derechos civiles, en las manifestaciones contra la guerra en las calles de París, en tomas pacíficas que brotaron en varios lugares del mundo, el grito de batalla se escuchaba sobre un mar de gente vestida de denim. Pero hasta el momento, el uso de jeans seguía siendo más contracultural y marginal que masivo; si bien hubo una expansión en el uso de la prenda, esta no es comparable con lo que sucedería en los años setenta.

Hoy por hoy, la década 1970 es indefinible bajo un único estilo, debido a la diversidad sartorial que existía para entonces, resultado de la variedad de estilos musicales que emergieron: punk, glam, funk, etc. De modo que los pantalones bota campana no son la única expresión de ese periodo pero sí una de las más notorias junto con el auge de prendas de denim. Dicha tela será intervenida con bordados, tachonados y parches. Además, gradualmente, el otrora símbolo de la cultura alternativa será integrado a la cultura dominante, llegará a los niveles más encumbrados de la sociedad, lo que de paso le dará al jean un nuevo rumbo. Así, por ejemplo, el novelista Tom Wolfe comenta en su ensayo La plebeyez exquisita, que el estilo prevalente en Yale “con prefecta uniformidad”, incluía “jóvenes enfundados en Levi´s”, y parecía sacado de un “economato militar de Broadway”, convertido en centro de la élite. Ante la demanda de jeans por parte de una clase pudiente estalla la ola de los jeans de diseñador, es esta otra señal de apropiación de la prenda parte de la cultura dominante. Así, se derrumba la utopía de que en jeans todo el mundo era igual, y Levi’s y Wrangler encuentran competidores como Fiorucci, Gloria Vanderbilt, Pierre Cardin y Calvin Klein. El atractivo sexual de estas prendas también se puso de relieve: Hustler y James Dean se convirtieron en nombres de marca, seguidos en Italia por Jesus Jeans; pero sin duda quien más sacaría partido de ello sería Calvin Klein, quien ya en 1980 emitía una serie de seis comerciales protagonizados por Brooke Shields, donde la actriz, que contaba apenas con 15 años, preguntaba: ¿Quieres saber qué se interpone entre mí y mis Calvin? Nada. Por otro lado, y en vista de que existía una clara asociación entre la cultura del jean y la juventud, hasta los adultos “respetables” los aceptaron en sus guardarropas.

Para los años ochenta, y en sintonía con el rechazo a la decadencia de los ideales setenteros más el regreso al estatus y al bienestar económico de la mentalidad ochentera, los jeans de diseñador se habían tomado el mundo. Las superficies rasgadas al estilo “destroyed” supusieron lo último en antimoda pero rápidamente se convirtieron en la tendencia principal. Cabalgando en los extremos de la prosperidad y el descalabro económico, las marcas inundaron el mercado y luego, cuando los consumidores llegaron al hartazgo, se vieron reducidas, y el jean obligado a dejar su antiguo añil para convivir con una extensa carta de colores vivos y ácidos. Existía una miríada de marcas internacionales y locales que hacían dura la competencia, y por tanto jugaban con el precio. En Colombia Farlow, por ejemplo, promocionaba sus coloridos pantalones de mezclilla a tan solo $ 9.900 COP ($ 5.2 USD en 2011, aprox.); pero marcas como Edwin, Wrangler y Levi´s, destinadas a un público de mayor nivel socioeconómico, constituían el grueso de las imitaciones y el contrabando de prendas. No se debe olvidar que la compañía Levi´s apenas hizo su entrada oficial al país a principios de los 2000. En cuanto a los adelantos tecnológicos, el lavado con ácido hará su aparición en 1986 y revitalizará la escena. En medio de todo esto, Levi´s lanza su campaña “volver a lo básico”. El pedigrí de los 501 complace a los yuppies, que quieren llevar exactamente la marca indicada, y los ejecutivos amantes del dinero de repente se encuentran vestidos con un uniforme originalmente de la clase obrera.

La vida ostentosa y el consumo demostrativo de los años ochenta para muchos resultó ser una búsqueda, y principios de los años noventa asistió a una reevaluación de las prioridades. Enfrentados al nuevo milenio, la gente estuvo más preocupada por el medio ambiente, la vida en familia y los viejos valores. Esta búsqueda por la calidad y la autenticidad ayudó a perpetuar el boom de los básicos de finales de los años ochenta, conduciendo a cierto interés por las piezas originales de época y por líneas más nuevas que capturaran los detalles y las telas del pasado. Una vez más, adaptados al espíritu del tiempo, los jeans entonces representaron un viejo amigo, práctico y moderno aunque ligado a una vida más simple y sencilla como de épocas pasadas.

La conciencia ecológica, generadora del concepto de sustentabilidad, el cual, de manera muy básica, se entiende como la convivencia armoniosa de la especie con los recursos de su entorno, y la expedición de la Carta de la tierra fueron un motor esencial en la búsqueda de nuevas formas en la producción y el lavado del denim y los jeans con ácidos contaminantes. Obligó a las empresas a optimizar los recursos y a contribuir con el planeta. De este modo, François Girbaud, pionero del lavado con piedra pómez en Francia, reemplazó los acabados de lavandería por acabados en laser; mientras que Levi´s produjo en 2011 los Water<less Jeans, bajo un sistema que permite ahorrar en promedio un 28% de agua, y casi un 98% en algunos productos de esa línea, a la vez invita a sus usuarios a reducir el lavado de las prendas.

En la década de 2010, con el auge de los leggins en la moda femenina una nueva categoría se abrió para los jeans: los jeggins; una prenda pensada para exaltar la figura hasta cubrir el cuerpo como una segunda piel. Teniendo en cuenta que desde tiempo atrás el atractivo sexual asociado al calce del jean ha sido un asunto explícito, también es necesario reconocer en ello el carácter del jean como paliativo a las carencias físicas del cuerpo real frente al cuerpo ideal, un argumento de venta que también ha sido ampliamente explotado bajo la promesa de que usando los jeans de una determinada marca, las mujeres aumentarán el tamaño del derrière o incluso su estatura, en general, podrán corregir su figura.

No obstante los vaivenes de la moda, el jean ha sobrevivido y sobrevivirá a lo largo de la historia. Los intentos de Calvin Klein en la segunda mitad de los años noventa por introducir el kaki como el nuevo jean, demostraron que esta prenda parece ser inmortal. ¡La gente siguió prefiriendo el demin!

Para una ampliación del tema recomiendo las siguientes lecturas:

Mitolojeans. En Toussaint-Samat, M. (1996). Historia técnica y moral del vestido, 3. Complementos y estrategias. Madrid: Alianza.

Sportswear International (S.F). The Jeans Encyclopedia. Sportswear International.

Susana, S. Comp. (2004). Jeans: la vigencia de un mito. Buenos Aires: Nobuko.


Algo sobre la Belleza…

“Beauty can come from the strangest of places, even the most disgusting places.”

“It’s the ugly things I notice more, because other people tend to ignore the ugly things.” A. McQueen.

Mujer grotesca, atribuido a Quentin Metsys. 1525–1530. © National Gallery. Londres.

Aclaro que la intención de este texto no es hacer un recorrido exhaustivo sobre los distintos avatares de la Belleza en Occidente; considerando lo extenso del tema, se proponen unas cuantas líneas que dan cuenta de cómo la Belleza ha sido un concepto cambiante. Se trata de un texto a modo de conversación coloquial que no pretende ser un texto académico, por ello se omite el rigor de las citas y las referencias bibliográficas. La intención es acercar a un público mayoritario un tema que la severidad académica suele elevar al punto de lo incomprensible.

Escribir sobre la Belleza resulta complejo puesto que la tradición cultural de occidente ha reflexionado durante más de veinticuatro siglos sobre un mismo concepto, el concepto de lo bello. En principio se pensaba que la Belleza era única y universal, que estaba presente en la naturaleza y que era una cualidad intrínseca en los objetos; sin embargo, tras siglos de reflexión llegaría a afirmarse que la Belleza nunca ha sido una y que por el contrario cada periodo de la historia ha creado su propia idea de la Belleza; la belleza de la naturaleza, del cuerpo o de la muerte. … Leer más

Madame Grès, un salto de tigre al pasado

Por William Cruz Bermeo

El 25 de mayo de 2011 publiqué la entrada que lleva por título Vestirse de luto…, lejos estaba yo de saber que dos meses después me tocaría “llevar ese traje”. Este texto, y los que en adelante escriba, estarán dedicados a la memoria de mi hermano Fernando.

 “La moda husmea lo actual dondequiera que lo actual se mueva en la jungla de otrora. Es un salto de tigre al pasado”.

Walter Benjamin, en Tesis de filosofía de la historia.

Vestido en jersey de seda blanco; por Madame Grès. Foto: Richard Avedon para Harper’s Bazaar. 1954. © The Victoria and Albert Museum. Londres.

Como ya lo había señalado Benjamin en 1940, la moda tiende a construirse con fragmentos de su mismo pasado. Ciertas formas de vestir han asistido a su propio renacer; de este modo, Worth vio en la indumentaria del Ancient Règime las formas que agradarían a la burguesía de su tiempo; los prerrafaelitas, en Inglaterra, pensaron que el vestido de la Edad Media era la solución para su idea de un traje estético que rompiera con la opresión que suponía para las mujeres vestirse con las modas victorianas; mientras que en el preludio de la Revolución Francesa pintoras como Elisabeth Vigée-Lebrun y reinas de la moda como María Antonieta, encontraron en la antigüedad grecolatina unos vestidos diáfanos y transparentes que les permitían gozar de libertad física y del contacto con la naturaleza.

Esos serían los inicios del traje estilo imperio, mismo que hoy en día asociamos con la Revolución, y esa sería la primera vez que el vestido a la griega hiciera su reaparición en la moda occidental. Al despuntar el siglo XX, varios personajes lo revisitaron: Mariano Fortuny crearía su célebre vestido Delfos, Madeleine Vionnet se enfocaría en un estudio minucioso de los frisos griegos para crear indumentaria basada en cortes complejos y sujeciones funcionales, y Madame Grès haría auténticas esculturas de estilo griego, reemplazando el mármol por la tela. El nombre de estos tres personajes está escrito en el panteón de la moda, pues su trabajo y sus aportes siguen vigentes; los tres, tienen en común haber encontrado una respuesta a sus inquietudes estéticas en los chitones, los himationes y los peplos de la Grecia clásica, o sea, “en la jungla de otrora”. Pero dedicaremos este espacio a Madame Grès. …Leer más

Vestirse de luto…

Por William Cruz Bermeo

Edward Killingworth Johnson, La viuda joven. 1877. © The Victoria & Albert Museum. Londres.

El historiador Phillippe Ariès sostiene que nuestras actitudes frente a la muerte han sufrido transformaciones lentas en ciertas etapas de la historia y aceleradas en otras; por consiguiente puede afirmarse que la muerte ha sido percibida de distintas maneras a lo largo de la historia occidental y con ello las formas en que manifestamos nuestro sentir ante ella. Una de las maneras en que este sentir se hace visible es el traje de luto, en las vestimentas que lucimos cuando la existencia del otro ha llegado a su ocaso.

 El mismo Ariès, escribe que desde la Edad Media y hasta el surgimiento del romanticismo, es decir finales del siglo XVIII, la convivencia entre los vivos y los muertos pareció ser un asunto natural, pues inicialmente las inhumaciones se hacían dentro de las iglesias; posteriormente en lugares especializados que bien podían servir de espacio de feria, mercado y cementerio. En ese lapso la manera de expresar el sentimiento frente a la muerte cambió con cierta lentitud; pero es allí donde podemos ubicar el surgimiento de la idea de que vestirse de luto implica vestirse de negro. … Leer mas…