Richard Avedon: la moda en acción

Traducción, por Moda y Vestido 2014. Tomado de Angeleti, Norberto y Oliva, Alberto., In Vogue: The Illustrated History of the World’s Most Famous Fashion Magazine, Nueva York, Rizzoli, 2004.

Jean Shrimpton para Harper’s Bazaar. Por Richard Avedon.

Jean Shrimpton para Harper’s Bazaar. Por Richard Avedon.

En 1965 se unió a Vogue y puso su sello en el estilo visual de la revista. Richard Avedon, internacionalmente aclamado como el mejor y más influyente de los fotógrafos de moda de su época. Había empezado en Harper’s Bazaar en 1945, y para 1948 junto con Alexey Brodovitch y Diana Vreeland era parte vital de ese equipo editorial vanguardista de la revista. Liberman recuerda en On the Edge: «Poco después de que llegara Vreeland, entendimos que nos hacía falta el mejor de los fotógrafos… todos pensábamos que si pudiéramos tener a Avedon Vogue llegaría a la cima».

Avedon nació en Nueva York en 1923, de joven se dedicó a la poesía. Estudió filosofía en la Universidad de Columbia y sus primeras fotografías eran de sus familiares en Long Island y de sus amigos de la flota mercante durante la Segunda Guerra Mundial. Su primera relación profesional fue con Harper’s Bazaar. Fue Brodovitch el que lo descubrió en la New School for Social Research, donde él estaba dando un curso de diseño al que asistía Avedon. En 1947 Avedon empezó a cubrir las colecciones de París y sus fotos fueron la sensación en el mundo editorial. Sus fotografías en acción, con modelos brincando en las aceras o mezclándose con la gente en las calles de la capital francesa, ofrecían una manera distinta de mirar la moda. Una de sus fotos más recordadas de la época, un clásico ejemplo de su estilo teatral para registrar la moda, muestra a la modelo Dovima en el Cirque d’Hiver en París, vestida de Dior, con un brazo apoyado sobre un elefante en movimiento. En una fotografía de Avedon el principal componente de moda no era únicamente la ropa sino el estilo de vida de la persona que la llevaba.

Dovima con elefantes; por Richard Avedon. Cirque d`hiver, París. 1955.

Vogue siempre había querido reclutar a Avedon en las filas de sus fotógrafos. El primer intento lo hizo Liberman en 1945. Desde ese año ambos siguieron en contacto y con los años siempre se mantuvo la posibilidad de que Avedon se pasara a Vogue. La oportunidad se dio en 1965, cuando ni Brodovitch ni Vreeland estaban ya en Harper’s Bazaar. Esto llevó a Vreeland a plantearle la pregunta: «¿Está todavía remotamente interesado en escuchar lo que Liberman tiene para decir?» Rápidamente se llegó a un acuerdo y sus fotos inmediatamente aparecieron en Vogue; se rumoraba que Avedon había recibido un adelanto de un millón de dólares para aceptar cambiarse de revista.

Cuando llegó a Vogue estaba en sus primeros cuarenta y había sido un fotógrafo reconocido desde los años veinte. Trajo a la revista el estilo conocido en todo el mundo como el estilo Avedon, imitado por cientos de fotógrafos, él lo definía como «una serie de noes. No a la luz exquisita, no a las composiciones, no a la seducción en las poses o en la narrativa. Y todos esos ‘no’ me obligaron al ‘sí’. Tengo un fondo blanco, tengo a la persona que me interesa y lo que pasa entre nosotros».

En el retrato, Avedon consideraba que «todos los fotógrafos son precisos, pero ninguno representa la verdad» y que él capturaba una imagen de esa relación especial que establecía con el sujeto. Los críticos llamaron a sus retratos fotografías minimalistas y mordazmente honestas. Roberto Lacayo de la revista Time dijo: «Los resultados pueden ser despiadados. Con cada arruga y hundido saliendo en alto relieve, hasta el más poderoso plutócrata parece simplemente un pobre mortal». Cuando Henry Kissinger iba a ser fotografiado por Avedon, le dijo: «Se amable conmigo».

Richard  Avedon. Penélope Tree. NY, 1967. ©  The Richard Avedon Foundation.

Richard Avedon. Penélope Tree. NY, 1967. © The Richard Avedon Foundation.

En su trabajo para la moda, el estilo Avedon significa frescura y jóvenes modernas que, como Alex explica, «bailaban, saltaban por el aire, montaban en bicicleta, daban volteretas y de algún modo se las arreglaban para verse perfectamente cómodas llevando las absurdas prendas metálicas y de plástico que Courrèges y Rudi Gernreich y otros diseñadores de los sesenta inventaban». Avedon no solo mostraba la ropa de manera excepcional sino que estableció una afinidad especial con las modelos (se casó con una de ellas, Dorcas Nowell) y alejó la actitud distante que ellas tradicionalmente habían asumido frente a la cámara. Liberman recuerda que «Avedon había perfeccionado una especie de salto caminado que hizo que la moda y la presencia de las mujeres cobraran vida». Fotografío a todas las supermodelos de la época: Twiggy, Lauren Hutton, Veruschka y especialmente a Penélope Tree. On the Edge cuenta que «la llegada de Avedon a Vogue dio lugar a lo que Liberman llama ‘un periodo de erotismo intelectual’ ejemplificado por la modelo Penélope Tree, ‘una curiosa especie de mujer joven que no era de alta costura’, la hija de la dama de sociedad Marietta Tree. Polly Mellen, que trabajó con Avedon en Harper’s Bazaar y que sería su más cercana colaboradora en Vogue recuerda lo fascinada que quedó con Tree en su primer encuentro con ella. ‘Era desgarbada, un poco encorvada, con el pelo descuidado, para nada bonita del todo’. Cuando llegó al estudio una mañana del verano de 1967 con su traje beatles negro bota campana, Mellen pensó que ‘se veía desgarbada y un poco encorvada… salí y le dije a Dick, no sé, no le ajusta la ropa. Mira, los brazos son más largos de lo que deberían ser’. Él dijo «está lista. No la toques, está perfecta». Y estaba bien. Vogue llamó a Tree ‘el espíritu del ahora’».

Moda, 150 años. Modistos, diseñadores, marcas

Autora: Charlotte Seeling

Por: William Cruz Bermeo

Portada de Moda, 150 años. Modistos, diseñadores, marcas. Editorial H.F. Ullman

En 1999 Charlotte Seeling publicó Moda: El siglo de los diseñadores, una obra que se convirtió en un clásico escaso; una especie de biblia de referencia obligada para docentes, investigadores y estudiantes de ambos lados del Atlántico, pues traía una acertada selección de imágenes icónicas acompañadas de textos distribuidos por décadas, que resumían la historia de la moda del siglo XX. Ahora, tras casi 12 años de esa publicación, Seeling produce un libro sobre los últimos 150 años de la moda, con un alto porcentaje de imágenes no vistas en su anterior libro. Sin embargo, algunos de los textos ya habían aparecido en esa primera obra; pero en la presente la mayoría se han renovado y el contenido se ha actualizado con un capítulo que incluye las transformaciones de la moda en la década que acaba de terminar.

Inicia con el surgimiento de la Alta Costura, dedicándoles espacio a personajes como Worth, Poiret y Fortuny; seguidamente cada década se aborda bajo un título que encapsula su característica más definitoria, reportando sobre los cambios y nuevas actitudes frente a la moda que ocurrieron principalmente en los países desarrollados. Seeling recurre a un relato a modo de Zeitgeist, es decir, mostrando la moda como reflejo de las transformaciones políticas, sociales y económicas que acaecieron en aquellos países. Además, reseña a esos diseñadores y marcas que hicieron historia en cada periodo.

Pese a las similitudes con el primer libro, Moda, 150 años. Modistos, diseñadores, marcas no se puede considerar una continuación de él, sino una obra nueva e igualmente coleccionable y necesaria como la que le precedió.

Illuminating Fashion: Dress in the Art of the Medieval France and the Netherlands, 1325-1515

Autor: Anne H. van Buren

Por: William Cruz Bermeo

Portada de Illuminating Fashion. Editorial: D Giles Ltda.

Uno de los principales problemas que enfrentan los historiadores de la moda al hablar de la indumentaria en la Baja Edad Media es la falta de fuentes materiales concretas que permitan entender con claridad la vestimenta de la época, ya que las prendas y fragmentos textiles que conservan los museos son más bien insuficientes, se limitan la mayoría de veces a pequeños fragmentos y en el mejor de los casos a armaduras y cotas de malla militares. Bajo esa circunstancia el traje civil se hace difícil de dilucidar, y todavía más entender las diferencias entre los usos cotidianos del vestido y el uso alegórico que se les daba en las miniaturas y manuscritos medievales. Este libro es una respuesta a ese problema, si bien es un análisis del vestido a través de ilustraciones, manuscritos, pinturas, esculturas y dibujos busca esclarecer las diferencias entre lo alegórico y lo cotidiano en el vestir. Trae además un diccionario de términos en francés e inglés que ayuda a entender los diferentes nombres dados a las prendas, ya que los nombres de éstas nunca han sido los mismos, y a lo largo de la historia se ha denominado a prendas distintas con el mismo nombre, sin que en él se haga explícito el género del usuario. Tras una introducción, interesante por remontar el origen de Francia como líder de la moda a la corte de Borgoña, y en la que se reconoce el papel que jugaba la indumentaria como dispositivo de representación social en la sociedad medieval, la autora comenta cerca de 300 ilustraciones refiriéndose al color, la forma y el estilo de la ropa de los retratados.