Las pieles, de la aceptación a la condena (Primera parte)

Madame de Maison Rouge como Diana. Por Jean Marc Nattier, 1756. © The Metropolitan Museum of Art. Nueva York.

Madame de Maison Rouge como Diana. Por Jean Marc Nattier, 1756. © The Metropolitan Museum of Art. Nueva York.

Hablar de las pieles en la industria de la moda ha sido polémico; sin embargo, lo que aquí nos proponemos es dar una mirada a los usos culturales de las pieles, a sus posibles connotaciones simbólicas y a los debates que han suscitado en la cultura occidental. Antes de eso revisaremos a quienes se consideran los peleteros más antiguos del mundo: los inuit.

 El pueblo inuk está constituido por los habitantes de la costas árticas de América y la isla de Groenlandia, se expandieron en ese territorio provenientes del extremo norte siberiano vía el estrecho de Bering, dedicándose a su actividad de cazadores recolectores. Podríamos decir que consagrados más a la caza que a la recolección, dadas las condiciones áridas de un territorio cubierto por extensas capas de hielo. Traían consigo sus herramientas e indumentaria pero también un capital cultural basado en el aprovechamiento óptimo de los recursos naturales, y transmitido de una generación a otra; de hecho, una escena del documental Nanook del Norte (1922) muestra al protagonista jugando con su hijo a cazar ositos de hielo, un juego que implica transferir un conocimiento esencial para la existencia, ya que “si falla la caza” el territorio se convierte en “el país de la muerte y no hay comida”[i].

Precisamente la vestimenta inuk derivaba de esos recursos y se confeccionaba completamente con pieles de animales las cuales les permitieron subsistir bajo temperaturas inclementes, y mediante el desarrollo de refinadas técnicas de curtido y confección las pieles de renos, osos polares, focas y morsas. De manera que los pantalones de invierno se confeccionaban en piel de oso, la parte superior con la de reno, las botas con diferentes pieles dependiendo de su resistencia, incluida la piel de foca. Y cómo no mencionar el amauti (si es de mujer) o qulittaq (si es de hombre), esa especie de abrigo con capucha ribeteada de piel de oso que se convirtió en su distintivo. Todas estas prendas, valga la aclaración, iban cosidas con tendones secos de reno y patronadas a ojo, pues las mujeres tienen los patrones “en la cabeza”[ii]. Continuar…


[i] Nanook del Norte. Dir. Robert Flaherty, 1922.

[ii] Toussaint-Samat, M. (1994). Historia técnica y moral del vestido, 1. Las pieles. Madrid: Alianza. Pág. 87.

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3 pensamientos en “Las pieles, de la aceptación a la condena (Primera parte)

  1. DIEGO FANDIO dice:

    No sabes la alegria que me da leer lo que publicas, mil gracias por hacerlo. Un abrazo enorme y mil besos con afecto William

    Date: Sat, 2 Mar 2013 16:01:36 +0000 To: emancipacion17@hotmail.com

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